viernes, 28 de enero de 2011

El puzzle revelado (1º parte)


Ya es viernessss! segundo examen hecho! "sólo" quedan 3. Fin de semana de estudio, trabajos y algo de relax habrá ;)

Os dejo con otra historia......y os preguntareis....por qué las divide? para que no se os haga tan pesada y tan larga!! jajajaaj!



EL PUZZLE REVELADO

Era un ser solitario, extravagante, mínimamente cortés. Solía dar los buenos días o las buenas tardes a sus vecinos, y poco más. En ocasiones formaban corrillos entre ellos, y alimentaban su creciente curiosidad fundando una teoría en base al mínimo detalle.

- La de la panadería me ha dicho que lo vió en el aeropuerto con destino a Venezuela.

- Pues es lo que te digo, que anda en la droga, sino de que iba a vivir.

- Pues yo creo que es inventor, os habéis parado a escuchar los ruidos de máquinas, y relojes que suenan en su casa.

Y así entre unas teorías que se basaban en hipótesis fundamentadas en sospechas iban construyendo su vida, sin que el interesado tuviese ocasión de participar para confirmar ni desmentir la novela que sobre su vida iban modelando.

Lo cierto es que no siempre había estado solo. Turo, que así se llamaba, hacía muchos años había tenido esposa, aunque esta finalmente lo había abandonado ante la impotencia de reconducir su vida en familia. Y no había sido por empeño en ayudarlo. Pese a la resistencia de él, ella lo había llevado al médico, y le habían diagnosticado una especie de esquizofrenia. Al principio los medicamentos daban resultados visibles, luego él decidió que no quería medicarse, y durante un tiempo una el juego del gato y el ratón a diluir las pastillas en la bebida, a esparcirlas por la comida. Pero al final la corriente que arrastraba el río de la cabeza de su marido era tan fuerte que ante el miedo a verse envuelta, decidió huir, sin dejar rastro. Él lo tomó todo con suma normalidad, se mudó a su nueva vivienda, y en las proximidades se hizo con un local grande, que anteriormente había sido garaje para 8 coches. Y allí era donde solía pasar la mayor parte del día, cuando no de la noche, e incluso recluido jornadas enteros sin salir.

Su historial médico había caído en el olvido del hospital en el que había sido observado y diagnosticado, pero un día cayó en manos de un estudiante en prácticas de psiquiatría llamado Luis, el cual reconoció la foto. Era aquel desaliñado señor con el que cambiaba los buenos días en el kiosco de prensa todas las mañanas temprano, mientras compraban el periódico. Sin duda, ahora estaba un poco más desaliñado, calvo, pero con barba y pelo blanco donde aún le crecía, grandes cejas, y arrugas asimétricas en la frente y el entrecejo. Con calma leyó el historial, y de su interior brotó una llamada sorda, compasiva y estimulante en busca del auxilio de alguien conocido. Era joven y hasta ahora solo había leído, visto y tratado casos de seres ajenos, así que lo estimulo el hecho de ser el asunto de un ser casi familiar, con el que cada día se cruzaba.

- Buenos días.

- Buenos días.

- Qué fresquito hace hoy, parece que va a nevar -añadió el estudiante en un primer intento de aproximación.

- Sí - respondió sin más entusiasmo.

Había que ir poco a poco, sin prisas, tenía un plan trazado para ganarse su confianza, y esta era el primer paso de su ejecución.

En los días sucesivos siguió insistiendo con el tiempo, el comentario de alguna que otra noticia local, o comentarios deportivos, aunque no se veían avances significativos. Luis tenía mucha curiosidad, así que desplegando sus dotes de detective, a través del administrador del edificio, logró hacerse con una llave que conducía a una puerta que tenía comunicación con la parte superior del garaje, desde donde se podía observar el habitáculo, pero cuando intentó hacerlo no vio, todo estaba oscuro. Así que lo intentó en posteriores ocasiones, hasta que en una de ellas estaba ese ser solitario con las luces encendidas.

Quedó alucinado con la observación, había como una gran maquinaria que ocupaba casi todo el espacio, llena de engranajes, pequeños motores, cuerdas, bolas, imanes, telas, muelles, tablas, pantallas, partes de las tripas de electrodomésticos. Algunas partes de aquella maquinaria eran móviles, otras quietas, otras en un enigmático equilibrio. Las paredes llenas de bocetos, de esquemas, planos, fórmulas. Y aquel ser excéntrico dando vueltas alrededor, reordenando y equilibrando los elementos, ansioso, calculador, hablando solo. Salió un momento y regresó con un frasco de perfume que vació en el suelo, para luego poner el envase bajo un hierro movido por una rueda dentada que lo presionaba cada un par de minutos. El estudiante de medicina permaneció allí observando durante más de cuatro horas, sin ser capaz de descifrar el enigma de la enfermedad de aquél individuo……Continuará…..

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